Horas en una biblioteca
Horas en una biblioteca Debe de ser muy elevado el número de quienes se duermen de noche leyendo a Pepys y despiertan al dÃa siguiente leyendo a Pepys. Siendo las cosas como son, no obstante, el número de los que no leen ni de noche ni de dÃa es infinitamente superior, y son precisamente quienes nunca han leÃdo a Pepys, como se queja Wheatley, los que lo tratan con desprecio. El Club Pepys «podrÃa considerarse —escribe Wheatley— una suerte de sociedad misionera, cuyo objetivo es educar al público en general en el buen entender de que se equivoca quien trate a Pepys con un afecto templado por la falta de respeto». Los papeles que se publican en el volumen que nos ocupa nunca nos habrÃan sugerido una comparación tan solemne. No obstante, una sociedad misionera en la que se cena opÃparamente, en la que se cantan con buen gusto antiguas canciones inglesas, en la que se leen breves y entretenidos discursos sobre asuntos tales como los retratos de Pepys, la piedra de Pepys, las baladas de Pepys, la salud de Pepys, los instrumentos musicales en Pepys, aunque es de suponer que difiera al menos en su método de algunas instituciones hermanadas, está bien calibrada para efectuar la conversión de los paganos. Sin embargo, la falta de respeto por Pepys se nos antoja una herejÃa carente de todo posible argumento, y que merece más el castigo que la persuasión de las voces con que los miembros del Club Pepys entonan Beauty retire.
