Las Olas
Las Olas —Ahora el viento levanta la persiana —dijo Susan—; las jarras, los vasos, la estera, el decrĂ©pito sillĂłn del agujero, todos se vuelven más claros. Las cintas habitualmente descoloridas salpican el papel de la pared. Ha terminado el coro de pájaros, sĂłlo un pájaro canta ahora junto a la ventana del dormitorio. Me pondrĂ© las medias, y pasarĂ© tranquilamente las puertas de los dormitorios, atravesarĂ© la cocina y, en el jardĂn, irĂ© más allá del invernadero, me adentrarĂ© en el campo. TodavĂa es muy temprano. Las nieblas están en el pantano. Es un dĂa rĂgido, inflexible, semejante a un sudario de lienzo. Pero se ablandará, entrará en calor. En esta hora, a esta hora todavĂa temprana, creo que yo soy el campo, el granero, los árboles; mĂas son las bandadas de pájaros y esta joven liebre que salta, en el Ăşltimo momento, cuando casi la piso. MĂa es la garcilla que extiende las vastas alas con pereza, y la vaca que hace ruido al echar una pezuña tras otra antes de coger el siguiente bocado, y la golondrina enloquecida que desciende aprisa, y el tenue rojo del cielo, y el verde que sustituye al evanescente rojo, el silencio y la campana, el grito del hombre que recoge los caballos de tiro de los campos: todos son mĂos.