Las Olas
Las Olas »Pero ¿quién soy, apoyada en esta valla mientras veo a mi perro setter que da vueltas olfateando? A veces pienso (todavía no he cumplido los veinte) que no soy una mujer, sino la luz que cae en esta valla, en este suelo. Soy, pienso veces, las estaciones, enero, mayo, noviembre, el barro, la niebla, el amanecer. No se me puede tirar, ni hacer flotar, ni obligarme a tratar con otras personas. Pero ahora, aquí, apoyada hasta que la valla se me marque en el brazo, siento el peso que se me ha formado, él solo, en el pecho. Se me ha formado algo, en la escuela, en Suiza, algo duro. No son suspiros, ni risas, ni frases rotundas o ingeniosas, ni las extrañas comunicaciones de Rhoda cuando mira más allá de nosotros, por encima de nuestros hombros, ni los bailes de Jinny, toda de una pieza, miembros y cuerpo. Lo que yo doy es más fiero. Yo no sé dejarme llevar gentilmente, no sé tratar con otras personas. Lo que más me gusta es la mirada fija de los pastores que encuentro en la carretera, la mirada fija de las gitanas junto al carro en una zanja dando de mamar a sus hijos como yo daré de mamar a mis hijos. Porque pronto, en el calor del mediodía, cuando las abejas zumben en torno a la malvaloca, vendrá mi amor. Se quedará en pie bajo el cedro. Responderé a su única palabra con mi única palabra. Le daré lo que se ha formado en mí. Tendré hijos, tendré doncellas con delantales, hombres con bieldos, una cocina a la que llevarán los corderos enfermos en cestas para que se calienten, donde cuelguen los jamones, y brillen las cebollas. Seré como mi madre, con un delantal azul, silenciosa al cerrar las alacenas.