Las Olas
Las Olas —Puesto que se supone —dijo Neville— que soy demasiado delicado para ir con ellos, porque me canso muy pronto, y después me pongo enfermo, usaré esta hora de soledad, esta falta de conversación, para navegar por las fronteras de la casa, y recuperar, si puedo, quedándome en aquella escalera antes de llegar al rellano, lo que sentà cuando oà hablar del muerto ayer por la noche a través de las puertas batientes, cuando la cocinera metÃa y sacaba los reguladores de tiro. Lo encontraron degollado. Quedaron fijas en el cielo las hojas del manzano, resplandecÃa la luna, no podÃa subir ni un peldaño. Lo encontraron en un arroyo. La sangre burbujeaba arroyo abajo. La mejilla estaba blanca como si fuera un bacalao muerto. Llamaré siempre a esta contracción, a esta rigidez: «muerte entre los manzanos». HabÃa nubes flotantes de color gris pálido, y estaba el árbol inmitigable, el árbol implacable con los codos de cortezas plateadas[81]. La onda que describe mi vida es estéril. No fui capaz de avanzar. HabÃa un obstáculo. «No salvaré este obstáculo ininteligible», dije. Y los otros pasaron. Pero estamos condenados, todos nosotros, por los manzanos, por el árbol inmitigable que no cruzaremos.