Las Olas
Las Olas —He ganado —dijo Jinny—. Ahora os toca. Voy a echarme en el suelo a respirar. Me han dejado sin aliento las carreras y la victoria. Parece haber adelgazado todo mi cuerpo con las carreras y la victoria. Mi sangre debe de ser de un rojo brillante, se mueve turbulenta, golpea mis costillas. Hormiguean las suelas, igual que si me abrieran y cerraran anillos de alambre en los pies. Veo las briznas de hierba con toda claridad. Pero los latidos del corazón resuenan de tal forma en mi frente, tras los ojos, que todo baila: la red, la hierba; vuestras caras saltan igual que mariposas; los árboles parecen saltar arriba y abajo. No hay nada constante, nada fijo, en este universo. Todo cimbra, todo baila, todo es rapidez y triunfo. Después, cuando he estado tendida sola sobre el duro suelo, viéndoos jugar, comienzo a sentir el deseo de singularizarme, de que me reclamen, de que me llame una persona que venga a buscarme, que sea atraÃda por mÃ, que no pueda estar sin mÃ, sino que venga a donde me siente en una silla dorada, con el vestido ondeando en torno a mÃ, semejante a una flor. Y retirándonos a una alcoba, sentados solos, charlaremos en un balcón.