Las Olas
Las Olas »Pero es un sueño poco sólido. Es un árbol de papel. Miss Lambert lo derriba de un golpe. Incluso el verla desaparecer por el pasillo lo destruye en fragmentos. No es sólido este sueño de la Emperatriz, no me satisface. Ahora que se ha derrumbado, me deja aquà temblando en el pasillo. Parecen más pálidas las cosas. Iré a la biblioteca, y sacaré un libro, leeré y miraré; y volveré a leer y a mirar. Aquà hay un poema sobre un seto. Pasearé en torno a él, y cogeré flores: nueza verde y flor del espino albar color de luna, rosas silvestres y hiedra que serpentea[87]. Las tomaré en las manos, y las dejaré sobre la superficie brillante del pupitre. Me sentaré sobre el tembloroso borde del rÃo y miraré los nenúfares, anchos y brillantes, que iluminaban, con rayos de luna de su propia luz acuosa, el roble que colgaba sobre el seto; haré una guirnalda con las flores y las cogeré y se las regalaré, ¡ay!, ¿a quién? Hay una interrupción en el fluir de mi ser, una corriente profunda se encuentra con un obstáculo, salta, tira, algún nudo en el centro se resiste. ¡Ay, esto es el dolor, la angustia! Me desmayo, cedo[88]. Ahora se disuelve mi cuerpo, me desato, estoy incandescente. Ahora se vierte la corriente en una amplia avenida fertilizante, abriendo lo cerrado, forzando lo atado, inundando libremente. ¿A quién daré todo lo que fluye de mÃ, de mi cuerpo cálido, poroso? Recogeré las flores y las regalaré, ¡ay!, ¿a quién?