Las Olas
Las Olas Tal vez era la concha de un caracol, alzándose en la hierba igual que una catedral gris, levantándose como un edificio con oscuros círculos grabados a fuego, y ensombrecido de verde por la hierba: o quizá veían el esplendor de las flores que creaban una luz morada que fluía sobre los arriates, en los que se veían oscuros túneles de sombra morada entre los tallos: o se quedaban con la mirada fija en las pequeñas hojas brillantes del manzano que bailaban, aunque tímidamente, que destellaban de manera constante entre las flores de botón rosa; o veían la gota de lluvia en el seto, que colgaba sin caer, con toda una casa inclinada sobre ella, y olmos corpulentos; o, mirando fijamente al sol, se les convertían los ojos en cuentas de oro.