Las Olas
Las Olas —Se vuelve más intensa la complejidad de las cosas —dijo Bernard— aquÃ, en la universidad, donde son extremas la agitación y la presión de la vida; donde, a diario, se hace más apasionado el interés del simple vivir. Cada hora que pasa se desentierra algo nuevo en esta gran tómbola. Me pregunto, ¿qué soy? ¿Esto? No, soy aquello. En especial ahora, cuando acabo de abandonar una habitación, una conversación, y resuenan en las baldosas mis pasos solitarios, y contemplo la salida de la luna, sublimemente, con indiferencia, por encima de la vieja capilla: y entonces veo con claridad que no soy sencillamente uno, sino complejamente muchos. Bernard, en compañÃa, no puede reprimir las ganas de hablar; en la intimidad, es lacónico. Eso es lo que no comprenden, porque sin duda están hablando de mÃ, diciendo que los eludo, que soy evasivo. No comprenden que debo efectuar varias transiciones diferentes, que debo velar las entradas y salidas de varios hombres diferentes que interpretan el papel de Bernard. Soy anormalmente consciente de las circunstancias. Nunca puedo leer un libro en un vagón del tren sin preguntarme, ¿será un constructor?, ¿es desdichada? Soy agudamente consciente de que hoy el pobre Simes, con su grano, se daba cuenta, con qué amargura, de que las posibilidades que tenÃa de causar buena impresión a Billy Jackson eran remotas. Al advertir esto, apenado, lo invité a cenar insistentemente. Atribuirá esto a una admiración que no poseo. Es verdad. Pero «Bernard unÃa la sensibilidad de una mujer» (cito aquà a mi propio biógrafo) «a la sobriedad lógica de un varón». Hoy en dÃa quienes proporcionan una impresión única y, en conjunto, buena (pues parece que la simplicidad es una virtud), son quienes se mantienen en equilibrio en el centro de la corriente. (Al momento veo los peces con la cabeza vuelta en una dirección; y el torrente precipitándose en otro torrente más allá.) Canon, Lycett, Peters, Hawkins, Larpent, Neville: todos son peces en medio de la corriente. Pero tú entiendes, tú[91], mi yo, quien siempre acude a la llamada (serÃa una experiencia lacerante llamar y que no acudiera nadie; eso vaciarÃa la medianoche, y explica la expresión de los ancianos en los clubs: han dejado de llamar a un yo que no acude), tú entiendes que lo que decÃa esta noche me representa tan sólo de forma superficial. En mi fuero interno, en el momento en que soy más diverso, también es cuando estoy más integrado. Simpatizo efusivamente; pero también me siento como el sapo en su agujero, dispuesto a recibir lo que venga. De los que ahora estáis hablando de mÃ, muy pocos tenéis la doble capacidad de sentir, de razonar. Por ejemplo, a Lycett le gusta la caza de la liebre. Hawkins ha pasado una tarde de lo más industrioso en la biblioteca. Peters tiene a su damisela en la biblioteca circulante. Estáis todos comprometidos, arrastrados y sois plenamente activos hasta el lÃmite de vuestras posibilidades: todos, excepto Neville, cuya mente es demasiado compleja para ponerse en movimiento por una sola razón. También yo soy demasiado complejo. En mi caso, hay algo que sigue flotando, sin comprometerse.