Londres
Londres Quien no conozca a un auténtico cockney, quien no pueda alejarse de las tiendas y los teatros para torcer por una callejuela lateral y llamar a la puerta de una casa particular, no puede jactarse de conocer Londres.
En Londres, las casas particulares tienden a parecerse como gotas de agua. La puerta principal se abre a un recibidor penumbroso del que parte una angosta escalera. La puerta del rellano conduce a un espacioso salón con sendos sofás a cada lado de la chimenea encendida, seis sillones y tres ventanas alargadas que dan a la calle. Con frecuencia, lo que sucede en la mitad posterior del salón, que tiene vistas a los jardines de otras casas, da pie a numerosas conjeturas. Sin embargo, lo que nos interesa es la zona delantera del salón, pues la señora Crowe siempre se sentaba en un sillón junto al fuego; allí era donde transcurría su vida; allí era donde servía el té.
