Los años
Los años —¿Y qué hemos dicho? —preguntó él.
—Habéis hablado del alma elevándose como se elevan las chispas por la chimenea —dijo ella.
Las chispas salĂan volando por la chimenea.
—Has dado en el blanco —dijo Nicholas.
—Es que la gente siempre dice lo mismo —dijo Sara riendo; se espabilĂł e irguiĂł la espalda—. AquĂ tenemos a Maggie, que no dice nada. A Renny, que dice: «Todo tonterĂas». A Eleanor, que dice: «Es exactamente lo que pensaba»… Y a Nicholas, a Nicholas… —Le dio una palmada en la rodilla—: A Nicholas, que deberĂa estar en la cárcel, y que dice: «¡Queridos amigos, perfeccionemos el alma!».
—¿DeberĂa estar en la cárcel? —preguntĂł Eleanor mirándolo.
—Porque ama —empezĂł a decir Sara. Hizo una pausa—. Porque ama al otro sexo, al otro sexo, Âżsabes? —dijo quitando importancia a sus palabras y gesticulando con la mano como hacĂa su madre.
Por un segundo, un agudo estremecimiento de repugnancia recorriĂł la piel de Eleanor, como si un cuchillo se la hubiera rajado. Luego se dio cuenta de que no habĂa ocurrido nada importante. El temblor se extinguiĂł. Debajo habĂa… ÂżquĂ©? MirĂł a Nicholas. Este la observaba.
—¿Me hace eso antipático a tus ojos, Eleanor? —le preguntó él un tanto dubitativo.