Orlando
Orlando «Y ése es el último terno que podré echar —pensó—, en cuanto pise tierra inglesa. Y no podré partirle la cabeza a un hombre o decirle miente su boca, o desenvainar la espada y atravesarlo, o sentarme en el Parlamento, o usar corona, o figurar en una procesión, o firmar una sentencia de muerte, o mandar un ejército, o caracolear por Whitehall en un corcel de guerra, o lucir en mi pecho setenta y dos medallas distintas. Sólo me será permitido, en cuanto haya pisado el suelo de Inglaterra, servir el té y preguntar a mis señores cómo les gusta. ¿Azúcar?, ¿leche?». Y al ensayar esas palabras, le horrorizó advertir la baja opinión que ya se habÃa formado del sexo opuesto, al que habÃa pertenecido con tanto orgullo. «Caerse de un mástil —pensó—, porque una mujer muestra los tobillos; disfrazarse de mamarracho y desfilar por la calle para que las mujeres lo admiren; negar instrucción a la mujer para que no se rÃa de uno; ser el esclavo de la falda más insignificante, y, sin embargo, pavonearse como si fueran los Reyes de la creación. ¡Cielos! —pensó—, ¡qué tontas nos hacen, qué tontas somos!». Y aquà parecÃa por cierta ambigüedad en sus términos que condenara a los dos sexos imparcialmente, como si no perteneciera a ninguno; y en efecto, vacilaba en ese momento: era varón, era mujer, sabÃa los secretos, compartÃa las flaquezas de los dos. Era un estado de alma vertiginoso. Los consuelos de la ignorancia le estaban velados. Orlando era una pluma en el viento. Nada de raro que al oponer un sexo al otro, y hallarlos alternadamente llenos de las más deplorables imperfecciones, y al no saber muy bien a qué sexo pertenecÃa —nada de raro que estuviera a punto de gritar que iba a regresar a TurquÃa y ser de nuevo una gitana, cuando el ancla con mucho estrépito golpeó el mar, las velas rodaron por la cubierta, y ella advirtió (tan sumida estaba en sus cavilaciones que no habÃa visto nada por varios dÃas) que la Enamoured Lady habÃa anclado en la costa de Italia. El capitán solicitó en el acto el honor de su compañÃa para bajar a tierra en su bote.