Una habitacion propia
Una habitacion propia Éste, gracias a la hospitalidad del anfitrión, habÃa durado hasta avanzada la tarde. El hermoso dÃa de octubre se iba desvaneciendo y las hojas caÃan de los árboles cubriendo la avenida por la que yo andaba. Una tras otra, las verjas parecÃan cerrarse detrás de mà con suave finalidad. Innumerables bedeles iban introduciendo innumerables llaves en cerraduras bien engrasadas; se estaba resguardando la casa del tesoro para una noche más. Al final de la avenida se llega a una calle —no recuerdo su nombre— que conduce, si se tuerce donde se debe, hasta Fernham. Pero me sobraba tiempo. La cena no era hasta las siete y media. Uno casi hubiera podido pasarse de cenar después de aquel almuerzo. Es curioso cómo una pizca de poesÃa obra en la mente y hace mover las piernas a su ritmo por la calle. Estas palabras
There has fallen a splendid tear
From the passion-tree at the gate.
She is coming, my dove, my dear
cantaban en mi sangre mientras andaba a paso rápido hacia Headingley. Y luego, cambiando de compás, canté, en ese lugar donde las aguas espumean al pie de la presa:
My heart is like a singing bird
Whose nest is in a water’d shoot;
My heart is like an apple tree…
¡Qué poetas!, grité en voz alta, como suele hacerse en el atardecer. ¡Qué poetas eran!