Una habitacion propia

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Pero éstas son preguntas difíciles que yacen en la penumbra del futuro. Debo dejarlas de lado, aunque sólo sea porque me incitan a apartarme de mi tema y adentrarme en bosques sin sendero donde me perdería y donde, muy probablemente, me devorarían las fieras. No quiero lanzarme, y estoy segura de que vosotras tampoco queréis que me lance, en este tema lúgubre, el porvenir de la novela, de modo que sólo me detendré un momento, para haceros reparar en el papel importante que, en lo que respecta a las mujeres, las condiciones físicas deberán desempeñar en este porvenir. El libro tiene que adaptarse en cierto modo al cuerpo y, hablando al azar, diría que los libros de las mujeres deberían ser más cortos, más concentrados que los de los hombres y construidos de modo que no requieran largos ratos de trabajo regular e ininterrumpido. Porque interrupciones siempre las habrá. También, los nervios que alimentan el cerebro parecen ser diferentes en el hombre y la mujer y si queréis que la mujer trabaje lo mejor y lo más que pueda, hay que encontrar qué trato le conviene, saber si estas horas de clase, por ejemplo, que establecieron los monjes, supongo, hace cientos de años, les convienen, cómo alternar el trabajo y el descanso, y por descanso no entiendo el no hacer nada, sino el hacer algo distinto. Y ¿cuál debería ser esta diferencia? Habría que discutir y descubrir todo esto; todo ello forma parte del tema las mujeres y la novela. Y, sin embargo, proseguí acercándome de nuevo a los estantes, ¿dónde encontraré este estudio detallado de la psicología femenina hecho por una mujer? Si porque las mujeres no pueden jugar al fútbol no les van a permitir que practiquen la medicina…


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