Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —En realidad tengo dos narcisos en mi cuarto, pero no son tan hermosos como éste —replicó él—. ¿Cómo puedes deshacerte de un regalo que te ha hecho la prima Baoqin?
—Tengo pócimas puestas a hervir todo el dÃa; la verdad es qué vivo prácticamente de medicinas. ¿Cómo voy a soportar además el olor de las flores? Es demasiado enervante, y además su fragancia se estropea con el olor a plantas medicinales que hay aquÃ. Lo mejor será que te lleves ese narciso a tu cuarto, donde la pureza de su perfume no pueda mezclarse con otros olores.
—¿Quién te ha dicho que en mi cuarto también hay medicinas cociendo para una enferma? —preguntó él.
—¡Extraña pregunta! —exclamó Daiyu—. No habÃa en mis palabras ninguna malicia. ¿Cómo voy yo a saber lo que ocurre en tus aposentos? DeberÃas haber venido antes para oÃr las historias de antaño que hemos contado, en vez de llegar ahora con tus raras suspicacias a montar un escándalo.
—Ya tenemos un tema para la próxima reunión de nuestra academia —declaró Baoyu—. PodrÃamos escribir sobre el narciso y el ciruelo invernal.
Pero Daiyu repuso:
—No, de ninguna manera. Ya no me atrevo a componer poemas, pues no cosecho más que castigos y eso es demasiado humillante.