Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Ya ha pasado la guardia anunciando la cuarta vigilia —anunció Xifeng—. Creo que nuestra Anciana Dama estará cansada. Ya es hora de que partamos, como el sordo del petardo.
Los reunidos se revolcaban de risa con los pañuelos apretados contra la boca. Señalando a Xifeng, la señora You balbuceó:
—¡Pero cómo habla esta criatura!
—Cada dÃa es más descarada —se rió la Anciana Dama—. Ha hablado de petardos. Pues bien, encendamos algunos fuegos artificiales para recobrar un poco la sobriedad.
Inmediatamente salió Jia Rong a buscar pajes que montaran los biombos y los tabladillos en el patio para colocar o colgar los cohetes. Éstos habÃan llegado como tributo desde diversos puntos del paÃs, y a pesar de no ser muy grandes eran sumamente ingeniosos, con muchos colores, adornados con escenas de relatos y completados por otras clases de petardos.
Como la delicada condición de Daiyu le impedÃa soportar ruidos fuertes, su abuela la mantuvo cerca de ella, mientras la tÃa Xue rodeaba con los brazos a Xiangyun, quien declaró sonriendo que ella no estaba asustada.
—Nada le gusta más que encender ella misma unos grandes petardos —explicó Baochai—. ¿Por qué habrÃa de temer éstos?
La dama Wang habÃa sentado a Baoyu en su regazo.