Sueño en el pabellón rojo

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—Hay una razón para ello —respondió Pinger—. Es normal que una determinada cantidad mensual sea destinada a la compra de los cosméticos que ustedes, las jóvenes damas, utilizan. Es el mayordomo intendente quien se encarga de adquirirlos cada mes; después los entrega a las matronas de los distintos aposentos, y éstas a su vez los distribuyen entre nosotras para que estén listos cuando ustedes quieran utilizarlos. No sería razonable que cada una de ustedes por separado se viera obligada a comprar todas esas cosas pagándolas de su propio bolsillo, y a buscar en cada caso a alguien que hiciera la compra. Por eso los mayordomos reciben de una vez la suma total con la que compran esos productos, y luego, cada mes, los distribuyen por los distintos aposentos. En cuanto a la asignación de dos taeles, fue prevista con el propósito de que las doncellas no tuvieran que andar buscando a las damas encargadas, que bien pudieran estar en otra parte o demasiado ocupadas, cada vez que hubiera necesidad de dinero para comprar algo. En una palabra, esos dos taeles son para que nada les falte a ustedes, no para gastarlos en cosméticos; sin embargo, he observado fríamente que al menos la mitad de las hermanas de los diversos aposentos los compran con ese dinero, y sospecho que se debe a que los mayordomos no los entregan a tiempo, o bien lo que entregan son productos de mala calidad.


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