Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿Recuerda que, hace unos dÃas, estaban hablando usted y su prima cuando irrumpió en el cuarto la concubina Zhao? Acabo de saber que se ha marchado; entonces me he acordado de que tenÃa algo que preguntarle: su prima y usted hablaban de nidos de salangana, ¿qué más le hubiera dicho de no interrumpir la concubina su conversación?
—No tiene importancia —dijo Baoyu—. Simplemente se me ocurrió que la señorita Baochai es huésped en esta casa, y si tu joven señora debe tomar nido de salangana todos los dÃas no es justo andar siempre pidiéndoselo a ella. Y como tampoco es conveniente pedÃrselo a mi madre, le hice una sugerencia a mi abuela. Sospecho que ella se lo ha dicho a mi prima Xifeng. Eso era lo que habÃa empezado a explicarle a la señorita Lin cuando llegó la concubina Zhao. Tengo entendido que últimamente os están enviando un liang[2] diario de nido de salangana. Me parece muy bien.
—¿O sea que fue usted quien lo sugirió? —preguntó Zijuan—. Fue un gesto muy bondadoso por su parte. Ya nos estábamos preguntando por qué de pronto la Anciana Dama empezó a enviarlo todos los dÃas. Ahora está claro.
—Si tu joven señora lo toma diariamente durante dos o tres años su salud mejorará mucho.
—Pero una vez que haya adoptado la costumbre, ¿de dónde sacará el dinero para seguir con su cura cuando regrese a su hogar el año que viene?