Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Hablemos de la mansión Rong. Sin ser demasiado grande la habitaban tres o cuatrocientas personas, entre señores y sirvientes, y, a pesar de que no hubiera mucho ajetreo, eran muchas las cosas que atender cotidianamente. Describirlas es más difícil que desenredar una madeja de cáñamo. Justo cuando me estaba preguntando por qué suceso o criatura iniciar dicha descripción, apareció de pronto una persona humilde llegada desde más de mil li de distancia, insignificante como un grano de mostaza, que precisamente aquel día visitaba la mansión en razón de un lejano parentesco con la familia. Empezaré, pues, por su propia familia.
¿Conocen ustedes el nombre de esta familia y su remota vinculación con la mansión Rong? Si piensan, llegados aquí, que este asunto es trivial y carece de importancia, entonces, queridos lectores, mejor harían en dejar este libro y elegir otro que fuera más de su agrado. Pero si consideran que esta insensata historia les puede ayudar a matar el tiempo, entonces permitan que yo, la estúpida roca, me demore en los detalles.