Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Ayer tu hermano estuvo de guardia en la puerta —dijo—. Durante los cinco días anteriores todo estuvo tan tranquilo que ni siquiera recibió propinas; ayer mismo vino de visita un funcionario de Guangdong y trajo de regalo dos cestitas de «escarcha de Fuling» para los señores y otra cestita para los hombres de la puerta. Ésta es la parte de tu hermano. Allá en el sur tienen tantos pinos y cipreses antiguos, que simplemente extraen la esencia del hongo de sus raíces y la mezclan con una especie de medicina para hacer esta espléndida crema tan blanca como la escarcha. Dicen que si se mezcla con leche humana y se bebe una taza diaria a primera hora de la mañana, resulta el mejor tónico del mundo. Si no tienes leche humana, lo que le sigue en bondad es la de vaca; o a falta de ésta puedes usar también agua hervida. Pensamos que esto le vendría muy bien a tu hija, y esta mañana envié a una muchacha para que te lo entregara; pero me dijo que tu puerta estaba cerrada con llave y que te habías llevado a Wuer al jardín. He estado queriendo ir a visitarla para ver cómo está y entregarle esto personalmente. Pero como sé que con las señoras de viaje hay por todas partes una guardia siempre alerta, y como no tenía ningún negocio especial que me permitiera entrar allá, decidí no ir. Además me he enterado de que en estos últimos dos días ha habido muchos problemas en el jardín; y no quiero verme mezclada en ninguno. Así que me alegro mucho de que hayas venido. Ahora puedes llevarte esto tú misma.