Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Tramposa! No me interesa toda esta basura tuya: Está claro que mantienes excelentes relaciones con Baoyu, ¿cómo si no habría aceptado encubrirte? Lo valiente por tu parte hubiera sido impedir que alguien se enterara de que me has hecho estos regalos. Ahora que lo has dicho, conservar todo esto me haría perder prestigio.
Dolida hasta las lágrimas, Caiyun le aseguró con gran despliegue de juramentos que no era cierto que mantuviera excelentes relaciones con Baoyu, y que no le había dicho nada a nadie. Entre sollozos intentó convencerlo de mil maneras, pero el testarudo muchacho se negó a creerla.
—Sólo nuestra antigua amistad —exclamó— me Impide correr a decirle a la cuñada Xifeng que fuiste tú quien robó todas estas cosas y que yo no quise aceptarlas, aunque me las ofreciste. ¡Imagínate lo que sucedería entonces!
Dicho lo cual, haciendo con los brazos un gesto de rechazo, salió del cuarto como un rayo.
A esas alturas también la concubina Zhao estaba frenética.
—¡Semilla de mala fortuna! ¡Monstruo malparido! —maldecía.
Caiyun estaba completamente desconsolada, sumida en un llanto irrefrenable, mientras la concubina intentaba consolarla de mil maneras.