Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —He venido del Cielo del Amor y allà debo volver desde la Tierra del Amor —le contestó ella—. En mi anterior vida me engañó el amor, pero me he arrepentido y he despertado. De ahora en adelante no tendré nada que ver con usted.
Su voz se fue desvaneciendo, como toda ella, mientras se levantaba una brisa fragante.
Xianglian despertó sobresaltado, preguntándose si habÃa estado soñando. Al abrir los ojos y mirar en torno suyo no encontró rastros del paje de los Xue o de la cámara nupcial. Se encontraba en un templo destartalado, y junto a él habÃa un taoÃsta cojo que estaba despiojándose. Xianglian se incorporó y luego hizo una profunda venia hasta tocar el suelo con la frente.
—¿Qué lugar es éste, santo maestro? —preguntó al monje—. ¿Y cuál es tu nombre inmortal?
El taoÃsta soltó una carcajada.
—Yo mismo no sé dónde estamos ni quién soy. Sólo estoy descansando un rato.
Al oÃr aquella respuesta, Xianglian sintió un helado estremecimiento, como si se le hubiera congelado la médula de los huesos. Desenvainó el «pato» y, de un tajo, se cortó el pelo. Desde allà partió siguiendo al monje, nadie sabe adónde.
Hasta el siguiente capÃtulo.