Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Éste no es el momento para hacerlo. —El mayordomo sonrió—. No he debido sacar el tema a colación. Espere a que vuelva a causar problemas y nosotros se lo haremos saber para que usted resuelva lo que se hace. Mejor dejarlo pasar por el momento.
Jia Lian no respondió a las últimas palabras del mayordomo, y al cabo de unos instantes Lin Zhixiao se retiró.
Aquella noche Xifeng requirió la presencia de la madre de Caixia y propuso el matrimonio. A la mujer no le gustó nada la idea, pero como Xifeng le estaba haciendo el honor de proponérselo personalmente, no tuvo más remedio que aceptar. Después de su partida Xifeng preguntó a Jia Lian si él habÃa abordado el asunto.
—TenÃa la intención de hacerlo —contestó él—, pero entonces me enteré de que el muchacho es un miserable que no vale un real. Pensé que si realmente es asÃ, lo mejor será que le demos una buena lección antes de entregarle una esposa.
—¿Quién te lo dijo?
—Uno de nuestros sirvientes, por supuesto.
—Los Jia no tenéis un buen concepto de nosotros los Wang, ni siquiera de mÃ, y menos de nuestros sirvientes. Ya he hablado con la madre de Caixia y ella ha accedido gustosa. ¿Acaso ahora debo llamarla y decirle que el compromiso se ha roto?