Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Pinger estaba preparando a toda prisa una dosis nueva de medicina; la doncella ignorante de lo sucedido, preguntó entre susurros por qué estaba tan furiosa la señora Lian. Pinger le contó cómo Jia Huan habÃa derribado la cacerola.
—¡Con razón no se ha atrevido a volver a su casa! —exclamó la doncella—. Seguramente estará escondido en algún sitio. ¡Quién sabe qué será de él mañana! Hermana, déjame limpiar lo derramado.
—No hace falta. Afortunadamente todavÃa quedaba un poco de bezoar de buey, y ya está listo. Ahora será mejor que te vayas.
—Voy a contárselo a la concubina Zhao —dijo la doncella—. Esto hará que lo alabe menos.
La concubina Zhao, furiosa al recibir el informe del comportamiento de su hijo, hizo que lo trajeran a su presencia. Fue encontrado por una doncella en uno de los cuartos exteriores.
—¡Inútil! —le gritó su madre—. ¿Por qué derramas su medicina y les das oportunidad de maldecirnos? Te dije que fueras a preguntar por la niña, no que entraras. Pero no, tuviste que entrar, y en lugar de irte inmediatamente te dedicaste a buscar piojos en la cabeza del tigre. ¡Pero espera a que se lo cuente a tu padre, y verás la paliza que te da!
En mitad del griterÃo de la concubina Zhao, Jia Huan, desde el otro cuarto, pronunció unas palabras aún más sorprendentes. Para saber cuáles fueron…