Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Ambos siguieron discutiendo unos momentos más. Los reproches de Xifeng la habían irritado tanto que la concubina dejó de interesarse por la enfermedad de Qiaojie, y a pesar de que la niña se repuso del todo a los pocos días de acaecidos aquellos incidentes, la relación entre ambas casas quedó más resentida que nunca.
«Hoy es el cumpleaños del príncipe de Pekín. ¿Qué instrucciones tiene que darme al respecto, señor?», preguntó cierto día el mayordomo Lin Zhixiao a Jia Zheng.
—Haced lo de siempre: informad al señor She y enviad algunos presentes.
Tras recibir aquellas instrucciones, el mayordomo acudió presto a cumplirlas. Al rato apareció Jia She. Ambos hermanos decidieron comparecer ante el príncipe para desearle larga vida, llevando con ellos a Jia Zhen, Jia Lian y Baoyu. Nadie le daba demasiada importancia a la visita, pero Baoyu, a quien tanto impresionaban el porte distinguido y los refinados modales del príncipe, estaba realmente ansioso. Se puso de inmediato el traje ceremonial y emprendió con los demás el camino a la mansión principesca, donde Sus Señorías presentaron sendas tarjetas y aguardaron a ser llamados. Poco después apareció un eunuco, rosario en mano, que al verlos iluminó su rostro con una sonrisa.
—¿Cómo están los dos caballeros? —preguntó.