Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿Recuerdas que el otro día me enviaron a dar las gradas a los aposentos de la señorita Tanchun? Bueno, pues no estaba allí. Sólo se encontraba Shishu y charlé un rato con ella hasta que salió el tema de las travesuras del señor Bao. «¿Qué tiene de bueno Baoyu? Se pasa el tiempo jugando en lugar de comportarse como un adulto. ¡Ya está comprometido y todavía sigue con sus locuras!», dijo ella. «¿Pero se arregló al final?», pregunté. Ella dijo: «Sí, un tal señor Wang ha hecho de intermediario. Es una persona vinculada a la mansión del Este, y por eso aceptaron sin mayores pesquisas».
Zijuan quedó pensativa, con la cabeza inclinada, pues lo que había oído le parecía extraño.
—¿Y por qué en casa nadie lo ha mencionado? —insistió.
—También eso me lo explicó Shishu. Fue idea de la Anciana Dama, temiendo que si Baoyu se entera empiece a hacer de las suyas. Por eso jamás ha sido mencionado. Después de contarme esto, Shishu me exigió que de ninguna manera lo divulgase; y si lo hacía me amenazó con acusarme de charlatana. —Señaló en dirección a la casa—. Por eso no le he dicho una sola palabra a ella. Pero como hoy tú me lo has preguntado, no te lo he podido ocultar.
En ese punto escucharon a la cacatúa repetir lo que había aprendido de ellas:
—¡Ha vuelto la joven señora! ¡Traigan té! ¡Rápido!