Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Son la peste! —le dijo Yuanyang—. Los Fu tienen una hija que no es mal parecida, y se pasan el tiempo cubriéndola de elogios ante la Anciana Dama, encomiando su porte distinguido, su buen corazón y sus modales exquisitos. Dicen que es muy elocuente, y una hábil costurera que también es capaz de escribir y llevar las cuentas, muy respetuosa con los de arriba y conciliadora con los de abajo. Cada vez que vienen sueltan la misma perorata, como si estuvieran ofreciendo a la Anciana Dama algún raro tesoro. ¡Ya no soporto escucharlas! Pero a pesar de que son una molestia, a la Anciana Dama le fascina ese tipo de charla. Y más aún. Hasta Baoyu, que no soporta a la mayorÃa de las viejas, ve con buenos ojos a éstas que envÃa la familia Fu. ¿No te parece raro? Anteayer aparecieron diciendo que mucha gente viene a pedir la mano de su joven dama, pero que los padres se resisten a dar su consentimiento, y de paso sugieren que sólo una familia como la nuestra es suficientemente buena para ella. El caso es que tanto elogio está empezando a hacer mella en la Anciana Dama.
Zijuan quedó sorprendidÃsima, pero preguntó fingiendo indiferencia:
—Y si piensa que es un buen partido, ¿por qué no concierta el matrimonio con Baoyu?
Antes de que Yuanyang pudiera responder, alguien llamó desde el interior diciendo:
—¡La Anciana Dama se ha despertado!