Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Un hombre de su inteligencia comprenderá que a estas alturas de la enfermedad es imposible vaticinar cuánto durará. Veamos cómo responde al tratamiento. Mi humilde opinión es que este invierno no hay peligro, y que si supera el equinoccio de primavera podremos pensar en su curación.
Sensatamente, Jia Rong no volvió a insistir sobre este punto. Tras acompañar al doctor hasta la puerta, enseñó a sus padres la fórmula magistral y les contó todo lo que había dicho el médico.
—Ningún otro ha sido tan concreto —comentó la señora You a su marido—; su receta debe ser buena.
—No vive de la medicina —comentó a su vez Jia Zhen—. Sólo ha venido como un favor especial a nuestro amigo Feng Ziying. Con su ayuda quizás exista la posibilidad de que nuestra nuera se cure. Veo que su receta exige ginseng; pueden usar para elaborarla ese jin de primera calidad que compramos el otro día.
Jia Rong se retiró para ordenar la compra de los ingredientes, que luego fueron preparados y administrados a su esposa. Para conocer el resultado de la medicación, lean el siguiente capítulo.