Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Mi buena señora Lin —le suplicó Xiren—, vaya y pÃdale a su esposo que consulte a ese vidente.
Con un gesto de acatamiento, salió la señora Lin.
—En realidad esos adivinos y videntes del exterior no valen gran cosa —comentó Xiuyan—. Allá en el sur escuché que Miaoyu podÃa adivinar escribiendo sobre la arena. ¿Por qué no consultamos con ella? Además, como se dice que ese jade es sobrenatural, el oráculo deberÃa revelar su paradero.
Sorprendidas, las otras replicaron:
—La vemos a menudo, pero jamás hemos oÃdo decir tal cosa.
—Dudo que acceda si somos nosotros quienes se lo pedimos, señorita —le dijo Sheyue a Xiuyan—, asà que permÃtame hincarme de rodillas ante usted y suplicarle que asuma el encargo. ¡Si ella resuelve esté misterio, jamás olvidaremos la bondad que ha tenido con nosotras!
Y se inclinó para hacer un koutou. Pero Xiuyan se lo impidió, mientras Daiyu y las demás muchachas le pedÃan que fuese directamente al convento del Enrejado Verde.
En ese momento regresó la señora Lin:
—¡Buenas noticias, jovencitas! —exclamó—. Mi esposo fue a ver al vidente y éste dice que el jade no se puede haber perdido; alguien vendrá a devolverlo.
A la mayorÃa aquello les pareció difÃcil de creer, pero Xiren y Sheyue quedaron complacidÃsimas.