Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Oh, nada importante —respondió Jia Zheng con una sonrisa despreocupada—. El gobernador ha recibido una carta del comandante de la guarnición de Haimen, que es pariente suyo, recomendándole que vele por mi bienestar, y me ha tratado con tanta deferencia que incluso ha llegado a decirme: «Al fin y al cabo a partir de ahora también seremos parientes».
Enormemente complacido por aquella magnÃfica noticia, Li animó a su señor para que accediera al enlace. Pero Jia Zheng tenÃa en ese momento otras preocupaciones: ¿qué consecuencias traerÃa el asunto de Xue Pan? Como estaba tan lejos, confinado en aquella provincia adonde no llegaban las noticias de la capital, al llegar a su gabinete despachó a un lacayo con el encargo de informarse debidamente sobre el efecto causado en la corte por el informe de la Gaceta. El sirviente también debÃa informar a la Anciana Dama sobre la propuesta de casamiento; si ella no ponÃa objeción, Jia Zheng enviarÃa enseguida una escolta para acompañar a Tanchun.
El criado llegó a la capital tras un viaje sin descanso, presentó su informe a la dama Wang, supo en el Ministerio de Asuntos Civiles que el magistrado del distrito de Taiping habÃa sido depuesto por prevaricación, y que las sanciones no afectaban en ningún caso a Jia Zheng. Por fin, hizo llegar a éste la buena noticia y permaneció a la espera de nuevas órdenes.