Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo El Diamante Borracho presume de levantar
tempestades con suaves olas.
Al joven medio loco, un dolor reciente
le recuerda el amor pasado.
Hubo, pues, alguien que se acercó corriendo a Jia Yucun cuando estaba a punto de vadear el río.
—¡Su Ilustrísima! ¡Señor! —iba gritando el hombre, que no era otro que un lacayo de la escolta que hasta allí le había acompañado—. ¡El templo que acaba de visitar está en llamas!
Yucun, al volverse, vio lenguas de fuego alzándose hasta el cielo, y una capa de humo y polvo que velaba el brillo del sol. «¡Extraordinario! —pensó—. Acabo de dejar el lugar. ¿De dónde ha salido ese fuego? ¡Espero que Zhen Shiyin esté a salvo!»
Sintió grandes deseos de volver sobre sus pasos, pero temió perder el momento apropiado para vadear el río. Por otra parte, tampoco marcharía con la conciencia tranquila sin conocer la suerte de Zhen Shiyin. Tras reflexionar un momento, preguntó al sirviente: