Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Mientras están sobre la tierra, es propio de los humanos intercambiar sus sentimientos —sentenció—, pero una vez muertos, cada cual va a ocuparse de sus tareas. Nadie se parece a lo que fue mientras vivió, y nada sabe un muerto del amor que le sigue profesando quien quedó vivo. Y mucho más si, como dicen de Daiyu, se ha convertido en inmortal, porque entonces qué impuros le deben parecer todos los humanos que aún siguen sujetos a la vida terrenal, y qué lejos de su pensamiento debe estar el regreso a las vulgaridades de la tierra. Por eso, quien se empeña en invocar a los espÃritus con el entendimiento nublado por las ilusiones del corazón lo único que consigue es atraer hacÃa sà perversos demonios y espÃritus malignos.
Entendió Xiren con rapidez que aquellas palabras, pronunciadas con aparente descuido, tenÃan como destino los oÃdos de Baoyu, por lo cual no dejó de aportar su grano de arena:
—SÃ, realmente debe ser asÃ. Si es verdad, como dicen, que el espÃritu de la señorita Lin sigue rondando por el jardÃn, ¿cómo es que a mÃ, que tan cerca de ella estuve, no ha venido a visitarme en sueños?