Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —No hay problema, ya estoy bien. —Se incorporó para acabar la comida, y en poco tiempo tuvo fuerza suficiente como para permanecer sentado.
Sheyue le ayudó a sentarse, y en su euforia comentó desatinadamente:
—¡Es un verdadero tesoro! Bastó que lo viera para curarse. ¡Suerte que no se hiciera añicos aquella vez!
Al oír esas palabras, Baoyu cambió de color, dejó caer el jade y cayó de espaldas. Si vivió o murió, escuchen el próximo capítulo.