Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Usáis la misma tarja para ambas mansiones —observó Qin Zhong—. ¿Qué pasarÃa si alguien falsifica una y huye con todo vuestro dinero?
—¿Piensas que somos una banda de delincuentes? —preguntó Xifeng riendo.
—¿Y cómo no ha venido nadie de nuestra casa con pedidos? —intervino Baoyu.
—Tú todavÃa dormÃas cuando vinieron —contestó la mujer—. Pero decidme, ¿cuándo pensáis empezar vuestras clases nocturnas?
—Nos gustarÃa empezar enseguida, pero van muy lentos en la preparación del gabinete.
—Si os portáis bien conmigo, aceleraré la cosa.
—¿De qué manera? Están cumpliendo los plazos previstos.
—Necesitan materiales para su trabajo. No pueden mover un dedo si les niego la tarja.
Al oÃr aquello, Baoyu se sobresaltó y acurrucándose ante ella le suplicó:
—Prima, prima querida, dales la tarja para que puedan tener lo que necesitan.
—Baoyu, estoy muy cansada y me duelen todos los huesos —protestó Xifeng—. ¿Es necesario que me agobies as� No te preocupes, acaban de llevarse el papel para tu gabinete. Debes estar loco si piensas que a nuestros sirvientes hay que decirles también cuándo han de pedir algo.