Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Y llegó por fin el funeral. Las dos compañías de actores de la familia y unos cuantos músicos, bailarines y acróbatas, debían desarrollar un largo programa. El lugar hervía de parientes y amigos. Como la señora You seguía guardando cama, Xifeng hubo de hacerse cargo también de recibir a las visitas, ya que las otras mujeres casadas de la familia eran cortas para el trato, o alocadas, o tímidas ante los extraños, o se dejaban apabullar por la presencia de nobles y funcionarios. Ninguna era comparable con Xifeng y su encanto, su locuacidad y su elegancia. Al no estar obligada a rendir cuentas a nadie, impartía las órdenes que quería y se conducía a su entera voluntad, indiferente a los demás.
Toda aquella noche fue de ajetreo y esplendor, entre tanta ida y venida de faroles y antorchas de los funcionarios y huéspedes.
Cuando con el alba llegó la hora propicia, sesenta y cuatro porteadores vestidos de negro transportaron el féretro, precedido por un gran estandarte mortuorio que llevaba escrita en grandes caracteres la siguiente leyenda:
Féretro donde reposan los restos mortales de la dama Qin de la familia Jia, dama noble del quinto rango, consorte de Jia Rong, guardia imperial y defensor de los caminos de Palacio en los patios interiores de la Ciudad Prohibida; tataranieto mayor del duque de Ningguo, investido del primer rango por la Dinastía de Origen Celeste, Espléndidamente establecida y de Larga Permanencia.