Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo La dama Wang y sus ayudantes habían pasado días de agitadísimos preparativos, hasta que, hacia el final del décimo mes, todo estuvo preparado. Los mayordomos ya habían entregado sus cuentas, y también habían sido dispuestos los objetos preciosos y las antigüedades; los parques estaban poblados de grullas, pavos reales, venados, conejos, pollos y gansos que serían criados en los sitios convenientes. Jia Qiang ya tenía listas veinte óperas, y las pequeñas monjas budistas y taoístas habían memorizado diversos conjuros y pequeños sutras.
Jia Zheng, que ya estaba más tranquilo, invitó a la Anciana Dama a una inspección final del jardín para cuidar de que todo estuviese en orden y nada cayera en el olvido. Se eligió una fecha propicia y redactó un memorial al cual el Hijo del Cielo[3] tuvo acceso el mismo día de su presentación. La concubina imperial sería autorizada a visitar a sus padres durante la fiesta de los Faroles, el día quince del primer mes del año siguiente[4]. La noticia causó tal conmoción en toda la casa que las tareas diurnas y nocturnas casi les impidieron celebrar el Año Nuevo.