El duodécimo planeta
El duodécimo planeta El conocimiento astronómico de Sumer era inigualable. SabÃan de la existencia de los planetas exteriores, describÃan a la Tierra como un cuerpo celeste suspendido en el espacio y calculaban con precisión los movimientos de los astros. Estos datos, imposibles de obtener sin tecnologÃa avanzada, fueron otorgados por los Anunnaki, quienes conocÃan a fondo el funcionamiento del sistema solar.
Cada avance tecnológico y cultural sumerio tenÃa un propósito: mantener el orden impuesto por los dioses. La religión, la economÃa y el gobierno estaban intrÃnsecamente ligados a la voluntad de los Anunnaki, quienes controlaban a la humanidad a través del conocimiento que decidÃan compartir. La civilización no nació del ingenio humano, sino del legado de los dioses que una vez caminaron sobre la Tierra.
Hubo un tiempo en que la humanidad prosperaba bajo la guÃa de los dioses, pero su crecimiento desenfrenado y la pérdida de control por parte de los Anunnaki generaron un conflicto entre ellos. Enlil, el lÃder supremo en la Tierra, veÃa a los humanos como una molestia, mientras que Enki, su hermano, los consideraba su creación y deseaba protegerlos.
