La Charca
La Charca Al día siguiente, con los primeros albores, renació en la finca de Juan la actividad de los trabajos.
La mañana humedecía la tierra con gotas trémulas y preparaba en el cielo, con variedad de colores, la imperial recepción del sol. La temperatura era fresca, y las humedades del alba, fecundando bosques, les daban alientos para la nueva jornada, encendiendo el color de las flores, vigorizando el verdor de las hojas, irguiendo la esbeltez de los tallos, invitando a la magnífica floralia de los campos a lucir al sol las opulentas galas, a entregarse al fraternal comensalismo[8] de las plantas. La navidad serena, siempre serena del día, sonriendo sobre las colinas y los valles. El eterno impulso volteando la rueda de la vida con la constancia aviterna del infinito.
