El dinero
El dinero Y, en efecto, habiendo tenido que retardar su salida, Hamelin asistió con sorpresa a un súbito movimiento de alza de las acciones del Universal. En la liquidación de fin de mayo, se cotizaron a más de setecientos francos. Tratábase del normal resultado que suele producir todo aumento de capital: constituye el golpe clásico, la manera de fustigar el éxito, de hacer galopar los cambios, con motivo de cada nueva emisión. Aunque también entraba en ese fenómeno la real importancia de las empresas que la casa se proponÃa llevar a cabo; y grandes carteles amarillos, pegados por todo ParÃs, anunciando la próxima explotación de las minas de plata del Carmelo, acababan de trastornar los cerebros, encendiendo la llama de un principio de embriaguez, esa pasión que luego habÃa de crecer y nublar toda razón. El terreno estaba preparado, el mantillo imperial, hecho de despojos en fermentación, caldeado por apetitos exasperados, extremadamente favorable a uno de esos locos arranques de la especulación, que, de tanto en tanto, cada diez o quince años, obstruyen y emponzoñan la Bolsa, no dejando tras sà más que ruinas y sangre. Ya por aquel entonces, las sociedades turbias nacÃan como las setas, las grandes compañÃas lanzábanse a las aventuras financieras, surgÃa una fiebre intensa por el juego, en medio de la estrepitosa prosperidad del reino, todo un estallido de placer y de lujo, del que la próxima Exposición prometÃa ser el esplendor final, la engañosa apoteosis producto de la magia. Y por entre ese vértigo que azuzaba a la multitud, como formando parte del desconcierto de otros muchos soberbios negocios que se ofrecÃan por las aceras, el Universal ponÃase por fin en marcha, como potente máquina destinada a enloquecerlo todo, a triturar cuanto se le pusiera por delante, caldeada además sin medida por manos violentas, hasta la explosión.