El dinero
El dinero Pero Saccard dejaba traslucir su enfado. ¡Se acabó el dinero, se acabó el oro, terminaron todos esos relucientes astros, que habían iluminado su vida! Para él, la riqueza siempre se había materializado en ese deslumbramiento de la moneda nueva, cayendo como un aguacero de primavera, a través del sol, volcándose en forma de granizada sobre la tierra hasta cubrirla con montones de plata y de oro, que luego eran removidos con una pala por el solo placer de oír el tintineo de su música. ¡Y lo que se iba a suprimir, era precisamente ese gozo, esta razón de lucha y de vida!
—Todo eso me parece estúpido, ¡oh!, ¡estúpido a más no poder!… Jamás, ¿lo entiende usted bien?, ¡jamás!
—¿Por qué jamás?, ¿por qué una estupidez?… En la economía de la familia, ¿hacemos uso acaso del dinero? En ella no le será posible ver más que el esfuerzo común y el cambio… Entonces, ¿de qué va a servir el dinero, cuando la sociedad no sea más que una gran familia, que se gobierne a sí misma?
—¡Insisto en que todo eso constituye una locura!… ¡Destruir el dinero, cuando es la esencia misma de la vida! Sin él, ¡nada quedaría ya, nada en absoluto!