El dinero
El dinero —Amigo mÃo, dejé que mi hermano le hablara como debÃa hacerlo, movido por el legÃtimo dolor que ha experimentado, al tener conocimiento de todas esas deplorables cosas… Pero nuestra situación, la que a nosotros afecta está más que clara y me parece imposible además, ¿no es cierto?, el que llegue a encontrarse comprometida si el negocio se tuerce decididamente. Bien sabe usted el cambio a que vendÃ; no se podrá decir, pues, que por su parte impulsó el alza, para sacar de sus tÃtulos un mayor provecho. Y, por otra parte, si la catástrofe llega a ser una realidad, sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer… No comparto en absoluto, lo confieso, su obsesivo optimismo. Sólo que, y en eso tiene usted razón, precisa luchar hasta el último minuto; y no es precisamente mi hermano quien le restará ánimos, téngalo por seguro.
Se sentÃa conmovida, embargada de nuevo por su tolerancia para con aquel hombre tan obstinadamente vivaz; no queriendo sin embargo dejar traslucir ese desmayo que sentÃa, por no resultarle posible, al propio tiempo, permanecer ciega respecto de la execrable tarea llevada a cabo por él y la que, con toda seguridad, habrÃa realizado aún, en su ladrona pasión de corsario sin escrúpulos.