El sueño
El sueño —Monseñor, no sólo le amo a él; amo también la nobleza de su nombre, el resplandor de su real fortuna… SÃ, sé que, al no ser nada, al no tener nada, parece que le quiero por su dinero; y es verdad, también le quiero por su dinero… Le digo esto, porque es necesario que me conozca… ¡Ah! ¡Ser rica por él, con él, vivir en la dulzura y el esplendor del lujo, deberle todas las alegrÃas, ser libres en nuestro amor, no dejar más lágrimas ni más miserias a nuestro alrededor!… Desde que sé que me ama, me veo vestida de brocado, como antaño; llevo en el cuello, en las muñecas, rÃos de pedrerÃas y de perlas; tengo caballos, carrozas, grandes bosques por los que me paseo a pie, seguida de pajes… Nunca pienso en él sin empezar una vez más este sueño; y yo me digo que debe ser asÃ, él ha colmado mi deseo de ser reina. Monseñor, ¿está mal amarle más aún porque colmará todos mis deseos de niña, las milagrosas lluvias de oro de los cuentos de hadas?