Germinal
Germinal El día siguiente, y en los sucesivos, Esteban reanudó su trabajo en la mina. Iba acostumbrándose, y su existencia se amoldaba a aquellas tareas y aquellos hábitos, que tan rudos e insufribles le parecieron en un principio; una sola aventura alteró la monotonía de la primera quincena: una ligera fiebre, que le tuvo cuarenta y ocho horas en la cama, con los miembros destrozados, la cabeza dolorida y ardiéndole, y creyendo en su delirio que empujaba obstinadamente una carretilla de carbón por una galería angosta e interminable, y tan baja de techo, que su cuerpo casi no podía pasar. Era simplemente la calentura de aclimatación un exceso de cansancio, del que pronto se repuso.
