Germinal
Germinal —Oye —dijo la mujer de Maheu a su marido—, puesto que vas a Montsou a cobrar la quincena, tráeme al volver una libra de café y un kilo de azúcar.
Maheu estaba cosiendo un zapato, a fin de economizar lo que cobraba el zapatero por remendarlo.
—¡Bueno! —dijo, sin dejar su tarea.
—De buena gana te pedirĂa que pasases por casa del carnicero… ComerĂamos carne, Âżeh?… ¡Hace tanto tiempo que no la hemos olido siquiera!
Esta vez el minero levantĂł la cabeza.
—¿Crees que voy a cobrar algunos miles? —dijo—. La quincena ha sido bien mala, a causa de esas malditas interrupciones de trabajo que hemos tenido.
Los dos callaron. Era despuĂ©s de almorzar, un sábado, el 20 de octubre; y la CompañĂa, con el pretexto del trastorno producido con motivo de tener que pagar a los operarios, habĂa suspendido otra vez el trabajo de extracciĂłn en todas las minas. La CompañĂa, presa del pánico a causa de una crisis industrial muy prĂłxima, no querĂa aumentar sus ya considerables existencias almacenadas, y aprovechaba los más insignificantes pretextos para obligar a aquellos diez mil obreros a que se estuviesen parados.
