Germinal
Germinal Los tiros de Montsou habían repercutido en París con eco formidable.
Desde hacía cuatro días, todos los periódicos de oposición estaban indignados, y publicaban en la primera plana relatos terribles de aquellos sucesos: veinticinco heridos y catorce muertos, entre los cuales había dos niños y tres mujeres. Levaque se había convertido en una especie de héroe; porque se le atribuía una respuesta heroica, digna de un espartano, al prestar declaración ante el juez de instrucción. El gobierno Imperial, a quien aquellas balas habían alcanzado en el pecho, afectaba la calma y la tranquilidad de la omnipotencia, sin darse él mismo cuenta de la gravedad de sus heridas. No se trataba, decía, más que de un hecho aislado, ciertamente lamentable, pero sin importancia, tanto más, cuanto que el teatro de la escena se hallaba lejos de la capital, donde realmente se hace la opinión. Aquello se olvidaría pronto; pero la Compañía recibió extraoficialmente indicaciones acerca de la necesidad de concluir con la huelga, cuya duración era verdaderamente irritante, y hasta constituía un peligro para la sociedad; y de echar tierra al asunto, para que se dejase de hablar de él.
