Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo IV

Desde muy temprano Zoé había puesto el piso a disposición de un maestresala, llegado de casa Brébant con un séquito de camareros y de mozos. Brébant era quien lo suministraría todo: cena, vajilla, cristalería, mantelería y flores, y hasta sillas y taburetes. Nana no habría encontrado ni una docena de servilletas en sus armarios, y no habiendo tenido tiempo de instalar su casa según el boato que exigía su nueva vida, desdeñaba ir al restaurante y prefería que el restaurante fuese a su casa. Le parecía más elegante.

Quería celebrar su gran éxito como actriz con una cena que diese mucho que hablar. Como el comedor resultaba demasiado pequeño, el maestresala había puesto la mesa en el salón, una mesa que daba para veinticinco cubiertos muy apretados.

—¿Está todo listo? —preguntó Nana al volver a medianoche.

—Ay, no lo sé —respondió secamente Zoé, que parecía fuera de sí—. Gracias a Dios, yo no me ocupo de nada. Han cometido un destrozo en la cocina y en toda la casa. A pesar de todo he tenido que disputar. Los otros dos también vinieron, pero los mandé a paseo.

Hablaba de los antiguos señores de la señora, del comerciante y del valaco, que Nana había decidido despedir, segura del futuro, pues deseaba cambiar de piel, como ella decía.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker