Nana

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Capítulo IX

En el Varietés se ensayaba Duquesita. Acababan de ensayar el primer acto e iban a empezar el segundo. En el proscenio, en viejos sillones, Fauchery y Bordenave discutían, mientras que el apuntador, el tío Cossard, un jorobadito sentado en una silla de enea, hojeaba el manuscrito con un lápiz en los labios.

—¿Qué estamos esperando? —gritó de pronto Bordenave, golpeando furiosamente las tablas con el puño de su bastón—. Barillot, ¿por qué no se empieza?

—Es el señor Bosc, que ha desaparecido —respondió Barillot, que era segundo regidor.

Entonces fue el acabóse. Todo el mundo llamaba a Bosc mientras Bordenave juraba.

—Estoy hasta la coronilla. Siempre ocurre lo mismo. No se hace más que llamar y siempre están donde no hace falta… Y aún gruñen cuando se les retiene después de las cuatro.

Bosc llegaba con la mayor tranquilidad.

—¿Qué? ¿Qué me quieren? Ah, es a mí. Con decirlo… Bueno, Simonne, dame la réplica: «Ya llegan los invitados» y yo entro… ¿Por dónde entro?

—Por la puerta, claro —declaró Fauchery molesto.

—Sí, ¿pero dónde está la puerta?

Esta vez Bordenave cayó sobre Barillot, jurando y aporreando las tablas a bastonazos.


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