Thérèse Raquin
Thérèse Raquin Las noches siguientes fueron aún más crueles. Los asesinos habían tenido empeño en ser dos para defenderse del ahogado y, por un extraño acaso, eran más sus temblores desde que estaban juntos. Se exasperaban, se irritaban los nervios y padecían atroces ataques de sufrimiento y terror cuando se cruzaban una simple palabra, una simple mirada. Con la mínima conversación que surgía entre ambos, con el mínimo encuentro a solas, lo veían todo rojo y deliraban.
