Thérèse Raquin
Thérèse Raquin La señora Raquin había tenido una mercería en Vernon. Vivió durante casi veinticinco años en una tienda pequeña de dicha ciudad. Unos años después de fallecer su marido, le entró el cansancio y vendió el negocio. Los ahorros que tenía, junto con el importe de esa venta, le proporcionaron un capital de cuarenta mil francos que, tras invertirlo, le rentaba dos mil francos, cantidad esta que no podía por menos de bastar de sobra a sus necesidades. Vivía como una reclusa, ajena a las alegrías y las zozobras de este mundo; se había hecho con una existencia de paz y sosegada dicha.
Tomó en arriendo por cuatrocientos francos una casita cuyo jardín llegaba hasta la orilla del Sena. Era una vivienda apartada y discreta con un remoto aroma a claustro. Se llegaba a ese retiro por una senda estrecha que corría entre dilatadas praderas; las ventanas de la vivienda daban al río y a las lomas desiertas de la otra orilla. La buena señora, que pasaba ya de los cincuenta, se encerró en aquellas soledades, que le proporcionaron sereno gozo, junto a su hijo Camille y su sobrina Thérèse.
