Thérèse Raquin
Thérèse Raquin Al cabo de cuatro meses, pensó Laurent en sacarle a su matrimonio los beneficios que se había prometido a sí mismo. Habría abandonado a su mujer y habría salido huyendo ante el espectro de Camille al tercer día de la boda de no haber sido porque su interés lo mantenía atado a la tienda del pasadizo. Aceptaba las noches de terror y no rehuía las angustias que lo asfixiaban para no quedarse sin el provecho de su crimen. Si dejaba a Thérèse, volvía a la pobreza y no le quedaba más remedio que seguir en su empleo; en cambio, si se quedaba con ella, podía satisfacer sus apetitos de pereza, vivir muellemente, sin hacer nada, de las rentas que la señora Raquin había puesto a nombre de su mujer. Es de suponer que habría escapado llevándose los cuarenta mil francos si hubiera podido convertirlos en dinero en efectivo; pero la anciana mercera, por consejo de Michaud, había tenido la prudencia de poner a buen recaudo, en el contrato, los intereses de su sobrina. Laurent estaba pues unido a Thérèse por un poderoso lazo. En compensación por sus atroces noches, quiso, al menos, que ésta lo mantuviera, en dichosa ociosidad, bien alimentado, cómodamente trajeado y llevando en el bolsillo el dinero necesario para satisfacer sus caprichos. Sólo a cambio de eso estaba dispuesto a seguir compartiendo el lecho con el cadáver de Camille.
