Thérèse Raquin
Thérèse Raquin Thérèse y Laurent llevaban dos meses debatiéndose en las angustias de su unión. Se hacían sufrir mutuamente. El odio fue entonces invadiéndolos despacio, y acabaron por lanzarse miradas de ira, preñadas de sordas amenazas.
No podía faltar el odio. Se habían amado como animales irracionales, con una pasión ardiente, toda de sangre; luego, con la nerviosa irritación del crimen, su amor se trocó en miedo, y sus besos les inspiraron una suerte de espanto físico; ahora, con el sufrimiento que el matrimonio y la vida en común les imponía, se rebelaban y se exasperaban.
Fue un odio atroz, con terribles estallidos. Se daban perfecta cuenta de que se estorbaban mutuamente; se decían que si no estuvieran viéndose continuamente tendrían una existencia plácida. Cuando estaban juntos, les parecía que los asfixiaba un peso enorme, y habrían querido apartar ese peso, destruirlo; fruncían los labios, les pasaban pensamientos enfurecidos por los ojos claros, sentían deseos de devorarse el uno al otro.
